Pornografía e Internet: Su impacto en la sociedad cubana

Por Jessica Jones

La pornografía y las representaciones eróticas se remontan a los tiempos más antiguos de la humanidad. Desde la era Paleolítica, las tribus primitivas tenían establecido el culto totémico hacia la procreación, el útero y el culto fálico. Basándose en los cultos antiguos, se asume que las figuras paleolíticas de Venus, como la Venus de Willendorf, evocan la admiración humana por los genitales, la maternidad, la fertilidad y el erotismo, a través de mamas y nalgas de proporciones exageradas, con la posible intención de representar pornografía. En la cultura india, especialmente en filosofías como el Tantra, se entendía que el sexo era parte de la divinidad humana y en ocasiones representaba un camino hacia la iluminación espiritual. El Kama Sutra de Vatsyayana (400-200 a.c.) es el epitome de la sexualidad de la India Antigua. Las sociedades clásicas de la Antigua Grecia y el Antiguo Imperio Romano adoptaron la sexualidad humana como base de expresión artística. La representación de escenas sexuales era habitual en esas civilizaciones, un ejemplo son los detalles de los frescos de los baños suburbanos de Pompeya, donde se aprecian escenas con actos sexualmente explícitos, incluyendo representaciones de sexo grupal, homosexual y sexo oral. 

El concepto moderno de pornografía se define a partir de la comercialización masiva de material erótico, abandonando su carácter artístico y aumentando su distribución a partir de la producción en masa, consiguiendo mayor presencia a partir de la revolución sexual durante la década del 70 hasta la actualidad.

Desde la aparición de internet, el consumo pornográfico se ha disparado hasta niveles asombrosos. Pornhub, la web de porno gratuito más grande de la red, recibió más de 42 mil millones de visitas durante el año 2019, lo que equivale a la impresionante cifra de 115 millones de visitas al día. Entre las estadísticas del sitio, se reveló que los videos amateurs encabezan la lista de preferencias de los usuarios y que el 32% de las personas que acceden a la web son mujeres, aumentando en un 3% con relación al año anterior.

Venus de Willendorf.

Cuba, ¿más internet, más porno?

En Cuba el aumento del acceso a internet ha significado un incremento paralelo en el consumo de pornografía. Aún está lejos de encabezar la lista de los países con mayor tráfico de datos en las estadísticas de la plataforma Pornhub. Sin embargo, informes del propio sitio revelan que el aumento de su participación en la web en los últimos 5 años ha sido abrumador, apareciendo como uno de los líderes en crecimiento desde los celulares, según datos del año 2016. El incremento del tráfico móvil de los usuarios cubanos en Pornhub fue de un 310%. La explicación de este fenómeno se hace evidente, por la implementación e incremento de los puntos Wi-Fi en el país desde 2013, la rebaja en las tarifas de navegación en 2015 y la habilitación del acceso a través de datos móviles en diciembre de 2018. De modo que el consumo de pornografía en Cuba tiene nuevas condicionantes provocadas por el acceso a la red de redes.

Para realizar este artículo se encuestaron 20 jóvenes cubanos, con edades comprendidas entre 20 y 35 años. Un 15% confesó consumir pornografía online, argumentando las facilidades que habían surgido ante el mayor acceso a internet de los últimos años. El 55% admitió haber descargado videos pornográficos de sitios web como Bingoporno, Miporno y por supuesto Pornhub.

¿Qué motiva a un cubano a usar Internet, y su consecuente gasto económico, para consumir porno, cuando aún funciona de forma eficaz la distribución USB? La posibilidad de escoger el contenido dentro de una mayor diversidad fue una de las respuestas de los encuestados.

Telegram y sus canales XXX

Cuando el costo de navegación en internet es tan elevado como sucede en nuestro país, cualquier herramienta que prometa agilizar el proceso y optimizar nuestra búsqueda es un tesoro. Telegram, la aplicación desarrollada por los hermanos Dúrov, lanzada en 2013, facilita al usuario una enorme cantidad de contenido multimedia de la manera más automática posible.

En el año 2015 la aplicación incorpora el servicio de los “canales”. Mediante esta opción es posible enviar masivamente todo tipo de archivo, permitiendo a los usuarios suscribirse de manera abierta e ilimitada. Estos canales pueden encontrarse desde la web mediante un URL pudiendo acceder a todo el historial de los mensajes enviados.

Cientos de instituciones y personalidades utilizan actualmente esta vía para difundir sus contenidos, y por supuesto la proliferación de los canales XXX fue notoriamente fecunda. Al cierre del año 2019 eran cientos los canales de Telegram donde se compartía contenido pornográfico. Al suscribirte a uno de estos canales, los Bots, asistentes virtuales de Telegram, te muestran una pizarra de opciones con el más diverso contenido sexual. De esta forma, el usuario puede seleccionar la variedad de su preferencia, y el bot lo redirige a los videos de esa categoría. Este proceso, le ahorra al usuario un tiempo considerable de navegación intentando encontrar y seleccionar el contenido que busca. Algunos de estos sitios son muy activos, publicando decenas de videos diarios y con varios miles de suscriptores. También están los canales especializados en videos caseros o amateurs, la categoría que encabeza la lista de preferencias, según las estadísticas de Pornhub.

Un 25% de los jóvenes encuestados admitió ser suscriptor de un canal XXX en Telegram.  

¿Es la pornografía moralmente aceptable?

Lo que se entiende como pornografía está condicionado por las subjetividades de cada quien con respecto al sexo. Pero la concepción es, casi siempre, un video o fotografía donde se muestren relaciones sexuales o acto sexual de forma explícita. Esa explicitud es lo que el usuario, espectador, consumidor, espera. Lo que la industria le ha creado como expectativa, y lo que diferencia un material pornográfico de uno erótico.

El ser humano es, por lo general, altamente sensible a los estímulos visuales, la inclinación a observar escenas sexuales es una característica innata. Las áreas del cerebro que se activan al ver pornografía son las mismas que se ven estimuladas durante el acto sexual, el cerebro libera dopamina, un neurotransmisor asociado principalmente a la anticipación de recompensa que actúa también en la programación de recuerdos e información en el cerebro. Esto significa que cuando el cuerpo quiere, por ejemplo, comida o sexo, el cerebro recuerda lo que debe hacer para obtener el mismo placer que en ocasiones anteriores. Esto, combinado con la accesibilidad y el anonimato proporcionado por el consumo de porno, nos convierte en sujetos extremadamente sensibles a sus efectos hiperestimulantes.

Existen opiniones encontradas sobre la moralidad de la pornografía, un sector de la sociedad la condena por su carácter comercial y porque puede desencadenar en un vicio adictivo y por ende pernicioso para el individuo. Sin embargo, una corriente de pensamiento la considera una forma de arte, con el objeto de mostrar la belleza de la sexualidad humana. Algunos defienden este precepto argumentando que es una forma de libertad, y que es fundamental para la evolución de una sociedad libre de prejuicios y tabúes.

El 100% de los 20 jóvenes encuestados confesaron consumir pornografía, siendo un 55% de ellos mujeres, demostrando que las féminas aunque históricamente representan un porciento menor, también son consumidoras de esta industria, si bien son pocas las que se atreven a admitirlo, subyugadas aún a los prejuicios sociales de antaño.

La encuesta también reveló que el 70% había realizado videos pornográficos caseros con sus parejas, un 50% había mantenido sexo telefónico, mediante mensajería instantánea o videollamadas, y otro 35% admitió que le gustaría intentar esta práctica. Las opiniones en general de los jóvenes con los que tuve la oportunidad de compartir fueron de apoyo y de aceptación a la industria del porno, el 95% de ellos afirmó que la consideraban moralmente aceptable.

No obstante, todos coincidieron en lo peligroso de los excesos.  Las escenas que se pueden ver en el porno, como ocurre con las sustancias adictivas, son desencadenantes hiperestimulantes que producen una secreción antinatural de altos niveles de dopamina, lo cual puede deteriorar el sistema de recompensa de la dopamina e inutilizarlo de cara a fuentes de placer naturales.

 El psiquiatra Norman Doidge lo explica así:

“La pornografía satisface cada uno de los requisitos previos para el cambio neuroplástico. Cuando los pornógrafos se jactan de que están yendo un paso más allá al introducir temáticas nuevas y más fuertes, obvian que deben hacerlo porque sus clientes están desarrollando una tolerancia al contenido habitual».

Norman Doidge

Los datos recabados por Pornhub revelan que el sexo convencional cada vez interesa menos a los consumidores, que lo sustituyen por temáticas como el incesto o la violencia. La perpetuación de la violencia sexual es especialmente preocupante, ya que podría influir directamente en las estadísticas de episodios violentos en la vida real.

¿Cuál es la postura del estado cubano ante el aumento del consumo del porno en nuestro país?

La actual Ley no. 62 del Código Penal de Cuba (Art. 303, inciso C), penaliza con sanción de privación de libertad de tres meses a un año, o multa de 100 a 300 cuotas al que “produzca o ponga en circulación publicaciones, grabados, cintas cinematográficas o magnetofónicas, grabaciones, fotografías u otros objetos que resulten obscenos, tendentes a pervertir y degradar las costumbres”.

¿Cuáles son esos objetos? ¿Qué se considera obsceno? ¿Qué puede pervertir y degradar las costumbres? ¿Cuáles costumbres?  Por más que el Estado intentara mantener a los cubanos al margen de las “obscenidades” impropias del sistema socialista, los puertos de entrada se burlaron siempre. Si no, ¿cómo entraban al país las revistas Playboy y las novelitas gráfico-eróticas? ¿Y las películas “originales” en VHS, con sus portadas ilustradas en colores?

La distribución USB -copia de contenidos en discos externos-, revolucionó las modalidades de consumo audiovisual en Cuba. Resultó el primer canal para la “viralización” de contenidos en la Isla, el porno, no se queda fuera.

Entonces, ¿cómo podría controlar el país el consumo del porno a través de Internet? ¿Qué mecanismos adopta para la restricción del acceso a contenidos pornográficos en niños y adolescentes? 

Aunque muchos se han empeñado en mostrar una imagen “pulcra” de Cuba en ese sentido, el consumo de pornografía entre los adolescentes es una realidad, incluso dentro de los centros educacionales. En las encuestas realizadas, el 65% confesó haber consumido pornografía antes de los 15 años de edad, y un 15% de ellos admitió haber comenzado a ver porno meramente por curiosidad. Lo más alarmante de estas cifras es que si tenemos en cuenta que hablamos de la década del 90 y de principios de la década del 2000, cuando el acceso y la distribución de la pornografía era ínfimo comparado con los niveles actuales, se puede entonces especular que los porcentajes son mucho mayores en los niños y adolescentes de hoy en día.

No existe, al menos no de forma legal o registrada públicamente, ningún mecanismo de la empresa de telecomunicaciones de Cuba, ETECSA, para regular el consumo de pornografía, en especial el consumo entre los menores de edad. Estos mecanismos pudieran estar encaminados a identificar los dispositivos móviles de niños y adolescentes para restringir el acceso a este tipo de materiales, crear sistemas de generación de alertas ante el intento de acceso en estos dispositivos, con envío de notificaciones a los padres, incentivar el uso de las herramientas de control parental. Estas acciones podrían considerarse deberes de la compañía con respecto al consumo a través de Internet. El resto sería responsabilidad de las familias y las instituciones escolares, aunque controlar todos los canales de distribución entre menores de edad resulta prácticamente imposible, más cuando existen canales alternativos muy populares en Cuba, como Zapya, aplicación móvil para el intercambio de archivos por vía inalámbrica, o la copia por USB.

El escenario exige modernizar las regulaciones. Es absurdo que se penalice la producción y distribución de material pornográfico, se censure su exhibición en los cines y se pretenda controlar su entrada desde el extranjero, cuando Internet se mantiene como un canal abierto y cada vez más popular en Cuba, como en el resto del mundo, para todas esas actividades. Es preciso admitir que el consumo de pornografía en Cuba es un hecho, abrir los ojos ante la realidad de lo que viene sucediendo desde hace décadas y que cobra más fuerza ante el auge del acceso a internet en nuestro país. En lugar de enmascarar las verdades, tratando de evitar empañar la falsa imagen de preservadores de las buenas costumbres y la moralidad, es imperativo adaptar las regulaciones y las leyes de modo que se adecuen a los tiempos de la sobre información que estamos viviendo, y trabajar para que la explosión de multimedia no de pie a la delincuencia ni afecte en especial a los niños y adolescentes, objetos más vulnerables de todos estos cambios.