Hunters: Al Pacino se convierte en un cazador de nazis

David Weil, creador de Hunters, ha definido su serie como una historia “inspirada por la mayor superheroína que he conocido jamás. Ella fue mi abuela, mi Safta, Sara Weil”. Una mujer que estuvo prisionera en Auschwitz-Birkenau y Bergen-Belsen y sobrevivió. Su nieto ha decidido rendir homenaje a su legado, el que ella le transmitió, convirtiendo a Al Pacino (Meyer Offerman) en un superviviente del Holocausto que, instalado en el Estados Unidos en los años setenta, crea una banda de cazadores de nazis para la que recluta a Logan Lerman (Jonah Heidelbaum).

Ese, a grandes rasgos, es el argumento del que parte Hunters, título que llega hoy a Amazon y que tiene un arranque tan alocado como potente visual y argumentalmente. El hecho que hace que la mecha prenda es el asesinato de la abuela del protagonista, Jonah Heidelbaum, un chaval que se ha criado sin padres y que siempre ha sido más de encajar golpes que de devolverlos. Hasta que una conspiración nazi para establecer el Cuarto Reich en Estados Unidos se cruza en su camino, le deja sin la única familia que le queda y entonces decide destinar su mente privilegiada a la hora de descifrar códigos y seguir pistas a un fin. Así entra al servicio de una panda de lo más heterogénea con una presentación, en el arranque del segundo episodio visto antes del estreno, que bien podría haber salido de un cómic y que da una idea del tono por el que se va a mover la historia.

De entrada puede recordar a Malditos Bastardos -por aquello de cazar nazis-, pero en realidad va más en la línea de The Boys, la gran sorpresa de la pasada temporada de Amazon. A esta se parece porque el protagonista es un chaval del montón al que el horrible crimen de un ser querido ante sus ojos sin que hiciese nada por evitarlo le cambia la vida hasta el punto de replantearse sus límites morales y enfrentarse, junto a una cuadrilla de frikis, a un enemigo más poderoso. En la protagonizada por Jack Quaid eran superhéroes y a la que mataban era a su novia. En la de Logan Lerman quien muere es su abuela y los villanos, los nazis. Y en lugar de Karl Urban, Al Pacino.

Más allá de las comparaciones, Hunters tiene entidad suficiente para volar sola. Lo de mencionar The Boys como referencia no es más que una forma de avisar a quien quiera adentrarse en ella de lo que se va a encontrar. Esto no es otra cosa que una serie en la que violencia, humor negro y dilemas morales sobre lo que está bien y lo que está mal caminan de la mano con esa estética de los setenta que le siente tan bien y le da un toque muy particular que suma en la columna de ‘a favor’. Como lo hacen también las continuas referencias al mundo de los cómics, los superhéroes y la cultura popular. Desde esa salida del cine y la conversación tras ver Star Wars a ese comentario del personaje de Lerman al de Pacino comparándole con Bruce Wayne.

Hay mucho humor, sí. Mucha acción, también. Y muchas referencias al mundo del entretenimiento literario y audiovisual de la época, pero también al Holocausto, a las atrocidades que se cometieron en los campos de concentración y que la abuela de Weil se sintió, en cierta manera, obligada a narrar a sus nietos como una forma de que su historia no muriese con ella. Confiaba en que dando a conocer lo que ocurrió podía evitar que el horror caiga en el olvido y se vuelva a repetir. Cuenta el creador de Hunters en una carta dirigida a los periodistas que acompaña a los capítulos facilitados por Amazon antes del estreno que para su abuela contarlo era “su arma”. Pero su relato no se quedó solo en lo más oscuro del mismo, sino que, además de la capacidad del ser humano para el mal, también les habló de “esperanza” y “resistencia”.

Y eso es algo que ha querido transmitir Weil en Hunters. Cuando se la contaron la recibió como una trama que podría haber leído en un cómic de superhéroes con “grandes batallas entre el bien y el mal”. Para él se convirtió en “la lente a través de la cual veía el mundo. Un mundo de héroes y villanos coloreado por la injusticia y la oscuridad, pero un mundo donde la luz y la esperanza eran posibles”. Asegura el creador, que ha contado con Jordan Peele como productor ejecutivo, que esta es “una carta de amor a mi abuela”, una forma de ponerse la “capa” y darle la justicia que “nunca recibió”.

Para hacerlo ha reclutado a Al Pacino y a Logan Lerman, pero también a Jerrika Hinton, Josh Radnor, Kate Mulvany, Tiffany Boone, Greg Austin, Louis Ozawa Changchien, Carol Kane, Saul Rubinek, Dylan Baker y Lena Olin. Se puede decir tras dos episodios que todos ellos han captado tanto el tono, a veces cafre, como la esencia de sus personajes, su violencia, sus motivaciones y sus contradicciones. No solo judíos y nazis hay en esta historia. La agente del FBI Millie Morris (Jerrika Hinton) tiene su propia línea de la trama intentando aclarar a qué se debe la aparición de ciudadanos de origen alemán muertos de cuyo historial ha sido borrado su pasado como aliados y cómplices de Adolf Hitler.

Hunters juega con el difícil equilibrio de mezclar realidad y ficción, humor negro y Holocausto. En ocasiones echando sal en heridas aún abiertas y haciendo que el espectador, como sus personajes, se enfrente a cuestiones complicadas como la diferencia ente la justicia y la venganza, entre el bien y el mal a través, al menos al comienzo, de Jonah Heidelbaum. Pero, sobre todo, lo que plantea Hunters es la pregunta de si, cazando “monstruos corremos el riesgo de convertirnos en esos monstruos que hemos estado cazando“.

Tomado de Vanguardia

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